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LOS OTANES: LAS PIEDRAS SAGRADAS DE LA SANTERIA

lunes, 29 de abril de 2013


 
 
En las culturas afroamericanas las piedras tienen un significado mágico, principalmente entre los grupos de origen yoruba, cuyo sistema religioso es la Regla de Ocha, pero que es más conocido como la santería.
 
También en la Regla de Palo, que es de origen bantú, las piedras son relacionadas con los hombres. En esto hay coincidencia con otras culturas antiguas, como el legendario Egipto o las clásicas griega y romana.
 
Los yorubas les confieren una acción determinante a las piedras sagradas, que se denominan otanes. En las piedras de unidad monolítica se asienta el alma de los dioses u orichas; las piedras atrapan el poder y es desde donde emanan sus energías que influyen en la vida de los creyentes ayudándolos a vencer las adversidades y facilitándoles su mejor desenvolvimiento. Los santeros o cariochas adorarán dichas piedras para siempre.
 
Las piedras u otanes son seleccionadas por los sacerdotes o padrinos expertos en descubrirlas. No hay que confundirse, se pueden hallar un pedazo de muro de cemento o de concreto o un turrón de arena; ésas no son piedras. Se eligen de acuerdo con su aspecto, su color, su forma y el lugar en donde fueron halladas, ya sea en una montaña, en la superficie aprobadas hay que preguntarles a los santos si cada una posee las condiciones interiores requeridas. Esta pregunta se hace por medio del oráculo de Biagué o de los cocos. Si alguna de las piedras resulta desaprobada en esta consulta, debe ser sustituida por otra.
 
Todas las piedras aprobadas pasarán después por un ritual de requisito, que es “el lavatorio”, en el cual son purificadas por el lavado en omiero acompañado de una letanía de cantos de Osain entonados por un coro de santeros sentados en semicírculo y dirigidos por el obbá. (El omiero es una sustancia líquida compuesta por aguas místicas, yerbas de fundamento y otros ingredientes secretos. En este blog encontraras mas informacion al respecto en:
http://oracionesyconjurossanteria.blogspot.com.es/2012/04/las-botanicas-santeras-el-omiero.html). El olor que desprende el omiero en movimiento y el esmero con que son tratadas las piedras por los santeros crean una atmósfera litúrgica donde se van liberando las fuerzas de la naturaleza y se experimenta una sensación indescriptible.
 
 



 
A continuación, y después de la coronación del iniciado, los otanes recibirán la sangre de los animales sacrificados a los dioses. En el piso y en compañía de otros juegos de otanes pertenecientes al padrino, se dice que están comiendo juntos porque están naciendo los orichas. Al tercer día será entregado al iyabó o iniciado, quien los adorará toda su vida y serán depositados en unos recipientes tapados (las soperas).
 
 
 
 
Ningún aleyo o profano puede mirarlas ni tocarlas. Las corrientes internas han cobrado vida, poseen eleddá, que quiere decir conciencia, por tanto, escuchan y contestan por medio de sus caracoles.
 
 
Orishas y otanes
Cada uno  de los orichas o dioses tiene sus propias piedras:
 
ELEGGUÁ:
 
 
 
Lleva una piedra triangular de camino interna, sepultada en su figura de cabeza amasada con diferentes tierras, veintiún elementos vegetales y metales.
 
OGGÚN:
 
 
 
 
En su olla de hierros con siete instrumentos que representa el martillo, el yunque, el azadón y los clavos de vía, va la piedra de ogundá, que es traída del monte.
 
OBATALÁ:

 
 
En su sopera se depositan sus cinco piedras blancas calcíneas, cuatro son de Obatalá y una más achatada es de Oggé, a veces va envuelta en algodón y cascarilla.
 
OCHÚN:



 
Lleva cinco piedras redondeadas tomadas de un río. Las llaman chinas pelonas, pero realmente se llaman ocheotan
 
YEMAYÁ:

 
 
Se fundamenta con siete piedras. En Cuba se toman también de río; en Brasil y en Trinidad exigen que sean marinas. Son más porosas que lisas y se les llama oddiotan.
 
OLOKÚN:

 
 
Lleva diversas piedras del fondo del mar junto con caracoles y conchas. Tradicionalmente se le ponían perlas, corales y hasta monedas antiguas.
 
OYÁ:
 
 
 
 
Contiene nueve piedras arcillosas y marmóreas, con vetas rojizas y moradas, y se les llama osaotan.
 
CHANGÓ:
 
 
 
En su batea de madera se colocan seis otanes negros y alargados. También le pertenece la piedra del rayo, Obbaraotan.
 
Los collares que usan los santeros como protección también son piedras cristalinas, de diferentes vetas minerales, pues las cuentas de los collares nunca pueden ser de plástico. También deben pasar por un proceso ritual. Los collares o eleques son representaciones de los orichas y los otanes son el recinto donde habitan en esta tierra.
 
Las piedras y sus atributos
 
Piedra del rayo.
 
Es un monolito negro alargado y más picudo por uno de sus extremos. Algunos afirman que cae con el rayo, pero lo cierto es que debido a su energía magnética produce descargas eléctricas durante las tormentas. Ha sido usada como hacha por los grupos aborígenes del Caribe, como los siboneyes y taínos, y aparece en Cuba, Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana.
 
 
 
 
Piedras preciosas.
 
 Los cristales son de agua y otros líquidos fosilizados. Desde tiempos remotos se tuvo la costumbre, en casi todas las civilizaciones, de ornamentar a las autoridades, como jefes, caciques y reyes, con piedras cristalinas que representaban el poder, tales como esmeraldas, rubíes y diamantes, los cuales se constituían en tesoros del reino y le daban fuerza económica.
 
Ámbar:
 
Es una piedra resinosa de alta frecuencia magnética. Fue muy importante para el descubrimiento de la electricidad. Pertenece a Ochún; es una piedra del amor y atrae la felicidad. Los zares de la antigua Rusia lo usaban como talismán.
 
Azabache:
 
Fue muy estimado por las antiguas civilizaciones árabe y judía. Protege a los niños del mal de ojo y aleja las maldiciones. Pertenece a Elegguá. Es una piedra vegetal muy valorada.
 
Piedra volcánica:
 
Se forma cuando la lava incandescente se enfría, petrificándose. Pertenece al dios Argayú, que es el patrón que premia el esfuerzo y trae la prosperidad. Nos advierte de las pérdidas.
 
Cuarzos:
 
Los cuarzos blancos y opalinos pertenecen a Obatalá. Regulan el equilibrio nervioso, fortalecen la memoria, aclaran la conciencia y traen la paz. Los cuarzos violáceos le pertenecen a Oyá y los rosas a Naná Burucú, que tiene la capacidad de eliminar las infecciones renales y mejorar la circulación. Tiene alta composición de magnesio.
 
Turquesa:
 
Es de las más antiguas piedras preciosas. Había un viejo refrán español: “una mano con turquesa no conoce la pureza”. Pertenece a Yemayá y protege el hogar y la familia.
 
Lapislázuli y zafiro:
 
Pertenecen a Olókum, que es un dios parecido a Neptuno, y aseguran la prosperidad económica. Se les considera piedras masculinas.
 
Esmeralda:
 
Son piedras que pertenecen al dios Oggún. Es suyo el poder de premiar el esfuerzo y ayudar a vencer a los enemigos. Protege la industria y la productividad.
 
Granate:
 
Es una piedra de Changó y procura el éxito y el triunfo en los negocios. Changó fue un soberano del pueblo de Oyo; es dios del fuego.
 
Ágata, aguamarina y amazonita:
 
Se consagran a Obbalantobaro, que es la unión de Las Siete Potencias africanas. Alejan la maldición y rechazan las malas intenciones enviadas por alguien.
 
Obsidiana:
 
Es un mesolito de origen volcánico; piedra muy cortante que en el mundo prehispánico se utilizó para construir puntas de lanza y los cuchillos con que se hacían sacrificios humanos para los dioses aztecas. En la santería se le considera un arma de Ochosi y el cazador.
 
Topacio:
 
En la santería se le atribuye al dios Inle, que es el médico divino y dueño de la pesca. Impide el acontecimiento de enfermedades. El hombre soñó con la piedra filosofal y añoró que ésta le diera respuesta a las inquietudes de la vida, y plasmó esta búsqueda en obras literarias fantasiosas. Sin embargo, por medio de las piedras podemos obtener información histórica sobre la geología, los accidentes y fenómenos del planeta.
 
 
 
La naturaleza nos concedió además el aire, el agua y los alimentos para sobrevivir... lo mismo que la energía de las piedras. Cuando Olofi los alcanza con sus rayos divinos desde Olórum las convierte en sagradas, por eso agradezcamos su enseñanza y suy su protección cuidando del equilibrio ecológico que las sustenta.
 
Meferefún Oloddumare
Quim Camaché Oddúa
Elese Otan Aché ... Modupé.
 
 
 

LA INICIACION EN LA SANTERÍA

martes, 30 de octubre de 2012



 
La ceremonia de iniciación en la Santería recibe el nombre de Asiento o hacer santo. Sale bastante costosa, por ejemplo, ovejas y cabras.
 
Antes que se haga el santo, el neófito debe someterse a la renovación de cabeza, que es una purificación ritual. Es un rito sencillo que lo efectúa la madrina. Se invoca al ángel guardián del novicio.
 

El propósito principal que se persigue con la ceremonia de iniciación es adiestrar la psique del novicio para que se vuelva receptora y transmisora de los santos, en particular el Orisha que es su ángel guardián. No todas las iniciaciones son iguales; varían según los santos y los animales que se ofrendan, pues cada santo tiene una preferencia distinta de animales.




Las únicas personas que pueden asistir al asiento del iniciado son, la madrina, el babalao (que se encarga de sacrificar los animales), otros santeros y, por supuesto, el neófito. Los que han hecho el santo son los que pueden presenciar la ceremonia.

El asiento se efectúa en el santuario. El iniciado se corta los cabellos al rape y se viste con manto de colores, colores de los que están en trance. Mientras están en trance los asistentes autorizados, el iniciado recibe la bendición del santo o aché, y cuando despierta de su trance se sienta en un trono. El yaguó (antes llamado iniciado), paga a su madrina cierta cantidad de dinero sagrado, que se denomina derecho. Al concluir la ceremonia el yaguó permanece en el igbodu siete días y se lava todos los días con el líquido del omiero. Bebe tres cucharadas del omiero cada mañana durante los siete días.


 

Tres meses después del asiento, se realiza una ceremonia especial para purificar al yaguó de cualquier impureza escondida. Luego de transcurridos seis meses se vuelve a repetir la ceremonia, y se declara al yaguó un santero completo, pudiendo practicar todos los rituales de la Santería. Su madrina le entrega los otanes de su santo, que son piedras de diferentes tamaños y formas, que se piensa están habitadas por Orishas, y se les atribuye todos los poderes sobrenaturales de los santos de los dioses, creencia que proviene de una leyenda yoruba (las deidades yorubas son espíritus que habitan en las piedras).

 
 

Junto a los otanes y las soperas, también reciben las armas o implementos de trabajo de los orishas y los caracoles que pertenecen a ese Orisha en particular. Los santeros consideran los caracoles la más preciosa de sus posesiones y los cuidan como sus propias vidas. Si llegan a perder sus caracoles involucraría perder todos sus poderes. Después que el santero recibe los caracoles, un italero le enseña a leerlos e interpretarlos. El italero, que es un santero, es el único, junto con el babalao, que sabe cómo interpretar exactamente el oráculo. Los caracoles son los medios por los cuales hablan los santos al santero.



Durante el asiento, el nuevo santero obtiene el derecho de trabajar con cinco de los orishas del culto, así como con su propio ángel guardián. Comúnmente esos cinco santos son Obatalá, Elegguá, Changó, Yemayá y Oshún. Si uno de estos cinco orishas coincide con el ángel guardián del yaguó, hay que sustituirlo por otro santo.



La ceremonia de iniciación se puede simplificar cuando los practicantes y creyentes en el culto no desean pasar por la ceremonia prolongada y costosa de iniciación. Si un creyente desea trabajar con un determinado santo, se le somete a un ritual más simple que se conoce con el nombre de santo lavado. El santo lavado recibe algunos secretos del santo, pero no todos sus poderes. En realidad la ceremonia resulta parecida al asiento. Excepto que la cabeza no se afeita y no se invoca al santo para que posea al creyente.

También constituye una práctica usual en santería que el practicante o simpatizante en el culto, se limite a recibir los collares y al Elegguá, sin más rituales.



Los santeros acostumbran hablar a los orishas en el lenguaje yoruba, lo cual representa una tradición. Las palabras son fuente de energía y poder que si se repiten se acumula, por ello ciertas frases son empleadas reiteradamente. El poder de la palabra hablada ha estado asociado tradicionalmente a las religiones. Desde tiempos antiguos las palabras son poder, tal como ocurre en santería. Por medio del lenguaje yoruba se invoca de un modo ritual a los dioses. Quienes lo hacen son los babalaos, que deben y tienen que conocer el lenguaje yoruba. La costumbre que tienen los santeros de hablar a los orishas en el lenguaje yoruba, es una tradición que se conoce con el nombre de invocaciones a los orishas.



 
 
 
 
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