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NOVENA A LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

sábado, 27 de abril de 2013

 
 
 
 
Acto de Contrición:
 

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

Oración para todos los días:
 

Acordaos, oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que haya acudido a Vos, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Virgen, Madre de la vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra Santísima presencia soberana. No desechéis oh purísima Madre de Dios mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas favorablemente.

Así sea.
 
Día Primero:
 

¡Dios te salve! ¡Cuánto se alegra mi alma, amantísima Virgen, con los dulces recuerdos que en mí despierta esta salutación! Llenase de júbilo mi corazón al pronunciar el Ave María, para acompañar el gozo que llenó tu espíritu al escucharla de boca del Ángel, congratulándose así de la elección que de tí hizo el Omnipotente para darnos al Señor.

Pídase el favor que se desea conseguir.
 
Oración Final para recitar todos los días: Oh, Señora mía, Oh Madre mía, yo me entrego del todo a tí; Y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy tuyo, Oh Madre de piedad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya.
Amén.
 

Día segundo:


¡María, nombre santo! Dígnate, amabilísima Madre, sellar con tu nombre el memorial de nuestras súplicas, dándonos el consuelo de que tu Hijo, Jesús, las atienda benignamente para alcanzar pleno convencimiento en la práctica de nuestros deberes religiosos, sólida confirmación en las virtudes cristianas y continuas ansias de nuestra eterna salvación.

Día tercero:
 

Llena de Gracia, ¡Oh dulce Madre! Dios te salve, María, sagrario riquísimo en que descansó corporalmente la plenitud de la Divinidad: a tus pies nos presentamos hoy para que la gracia de Dios se difunda abundantemente en nuestras pobres almas, las purifique, las engrandezca y cada día aumente más en ellos el verdadero amor a Dios y a nuestros hermanos.

 
Día cuarto:
 

El Señor es contigo: ¡Oh Santísima Virgen! Aquel inmenso Señor, que por su esencia está en todas las cosas, está en tí y contigo de un modo muy superior. Madre mía, venga por tí a nosotros. Pero ¿cómo ha de venir a un corazón lleno de tanta suciedad. Aquel Señor que para hacerte habitación suya quiso, con tal prodigio, que no perdieses, siendo madre, tu virginidad? ¡Oh muera en nosotros toda impureza!

Día quinto:
 

Bendita tú eres entre todas las mujeres. Tú eres, oh Santísima Virgen María, la gloria de Jerusalén, tú eres la alegría de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo. Si por una mujer, Eva, tantas lágrimas se derramó en el mundo, por ti nos llegó la redención. Por esto, tú serás siempre bendita. Alcánzanos una fe viva y operante para considerar e imitar las grandes obras que en ti y por ti obró Dios.

Día sexto:
 

Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Deploramos grandemente, purísima Virgen y amantísima Madre, que hayamos cometido tantos pecados, sabiendo que ellos hicieron morir en tu cruz a tu Hijo. Sea el fruto de nuestra oración, que no cesamos de llorarlos hasta poder bendecir eternamente a Jesús, fruto bendito de tu vientre virginal.

 
Día séptimo:
 

Santa María, Madre de Dios. Tu mayor título de grandeza, tu mayor dignidad, oh María es haber sido elegida para Madre de Jesucristo, Hijo de Dios. De esta elección divina proceden todas tus gracias y prerrogativas. No olvides nunca que también fuiste designada por tu Divino Hijo, al pie de la cruz, como Madre espiritual nuestra. Que nunca nos falten fuerzas para mostrarnos como dignos hijos tuyos.

 
Día octavo:
 

Ruega por nosotros, pecadores. En ti Virgen María, como en alcázar nos refugiamos. Aunque el vértigo de la vida y los enemigos del alma nos hayan despojado o puedan despojarnos de las preciosas vestiduras de la gracia, alejándonos de ti y de tu amado Hijo, nunca nos cierres las puertas de Sagrado Corazón.

Día noveno:
 

Ahora y en la hora de nuestra muerte . Siempre estamos expuestos a perder la gracia de Dios y condenarnos. Haced, Santísima Virgen María, que por vuestra intercesión nunca perdamos el favor de Dios; que en esta difícil lucha por la vida encontremos en ti la protección maternal que tanto necesitamos y una Abogada en la hora de nuestra muerte.


 

A LA CARIDAD DEL COBRE

viernes, 13 de abril de 2012




Oh María, Madre mía,
 bien merecido tenéis
el título de salud de los enfermos,
consoladora de los afligidos
y aliviadora de los trabajos todos de este mundo,
pues ningún adolorido ha acudido a vos
sin recibir inmediatamente alivio o consuelo.
 
Por eso acudo a vos:
como Madre no dejaréis de interesaros
por la salud de mi alma y mi cuerpo;
como Reina Mía, no os será indiferente
el estado de vuestro siervo;
como Medianera nuestra,
sé que estáis pronta a escuchar
y recoger nuestros deseos y súplicas
para presentarlos a vuestro hijo.

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Vos sabéis por propia y dolorosa experiencia
la amargura de los trabajos,
lo terrible que es para una Madre
ver padecer a su hijo y no poder socorrerlo.
 
Así os pasó en el Calvario con Jesús.
 
Pero ahora no podéis excusaros
de no favorecerme,
pues podéis hacerlo
con solo hablar a Jesús.
 
Virgen Santísima de la Caridad,
salva a tu pueblo de la ignominia.

 
Rezar: Tres Ave María y Salve,
en honor de la Excelsa Caridad del Cobre.


ORACIÓN A LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

martes, 31 de enero de 2012



 
Santa María de la Caridad
que viniste como mensajera de paz,
flotando sobre el mar.
Tú eres la Madre de todos los cubanos.

A tí acudimos, Santa Madre de Dios,
para honrarte con nuestro amor de hijos.
En tu corazón de Madre ponemos nuestras ansias
y esperanzas, nuestros afanes
y nuestras súplicas;

Por la Patria desgarrada,
para que entre todos construyamos...




la paz y la concordia.

Por las familias, para que vivan
la fidelidad y el amor.
Por los niños, para que crezcan sanos
corporal y espiritualmente.

Por los jóvenes para que afirmen su fe
y su responsabilidad en la vida y
en lo que da el sentido a la vida.

Por los enfermos y marginados,
por los que sufren en soledad,
por los que están lejos de la Patria,
y por todos los que sufren en su corazón.

Por la Iglesia Cubana y su misión evangelizadora;

por los sacerdotes y diáconos; religiosos y laicos.

Por la victoria de la justicia y
del amor en nuestro pueblo.

¡ Madre de la Caridad,
bajo tu amparo nos acogemos !
¡Bendita tú entre todas las mujeres
y bendito Jesús, el fruto de tu vientre !

A Él la gloria y el poder,
por los siglos de los siglos.

Amén!

(Padre Nuestro) (Tres Avemarías) (Gloria al Padre)






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